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Este post es la continuación de otro titulado La Cárcel De Lo “Gratis”, y publicado por primera vez el 22/05/2018 en el que respondía de forma extendida a una pregunta simple (o no tanto) que el artista 3D Javi Martínez hacía sobre la gratuidad en la formación. Vale que el post no era tan catastrófico como su título, pero seguro me perdonaréis esa “licencia creativa” para llamar la atención.

En el artículo derivaba mi reflexión hacia la influencia de las comunidades 3D, lo cual es totalmente absurdo porque es tan genérico y común que el mismo razonamiento es válido para casi cualquier comunidad profesional. De hecho, voy a utilizar en los siguientes párrafos un ejemplo de cómo la endogamia ha sido parte (repito, parte) del problema en otras comunidades.

Lo primero de todo, decir que las comunidades profesionales son extraordinariamente útiles y necesarias para cualquier sector.

  • Ayudan a organizarse colectivamente,
  • Ayudan a compartir conocimientos e inquietudes,
  • Aparecen sinergias,
  • Visibilizan al colectivo frente a otros agentes,
  • Aumenta el poder de negociación si cuentan con “representación”,
  • Mejoran la entrada de los más jóvenes en su segmento…

… y un largo etcétera de ventajas que no hace falta contar porque todos, de una u otra forma, conocemos de sobra.

Pero (y atención a la “frase de cuñado”) esto es como todo . Existen determinados “vicios” o conductas que, desde dentro de estas agrupaciones profesionales, pueden resultar dañinas para los “asociados” de dicha comunidad. Y esto, repito, vale para cualquier comunidad en general. Para muestra, un botón: hablemos de lo que ha pasado en otro sector, a ver si nos da qué pensar la “experiencia ajena”.

 

Las burbujas en la arquitectura.

Deja que te cuente lo que ha pasado en otro sector, tal y como yo lo he visto desde dentro. Te hablo de lo que ha ocurrido en el sector de la arquitectura en España desde 2008. Este sector ha sufrido varias burbujas: por un lado, la burbuja inmobiliaria y por otro, la burbuja formativa.

No hace falta decir que la situación que vivió (y sigue viviendo) el sector “arquitectura” es infinitamente más compleja de lo que voy a comentar, y la formaban distintos frentes internos y externos, nacionales e internacionales. La que voy a hacer es una “foto” muy concreta, un paréntesis en el que trato de explicar la relación del profesional con su propio sector.

Durante décadas, los arquitectos han (hemos) vivido una combinación explosiva de endogamia profunda y demanda exagerada de servicios que reventó con la crisis inmobiliaria y financiera desde 2008.

Hasta esa fecha, los clientes hacían cola a las puertas de los estudios y un arquitecto nunca había tenido la necesidad de hacer algo distinto a su labor de “estudio de arquitectura”.

Entre los arquitectos solo había una guía, y era qué opinarían los “colegas de profesión” sobre sus trabajos. Para ello se apoyaban en las referencias del sector, a través de las revistas especializadas y los jurados de concursos compuestos por “eminencias” (¿no te suena parecido a CGArchitect, 3DAwards, Ronen Bekerman, etc?).

Dicho de otra manera: llegó a dar la impresión de que a los arquitectos solo les interesaba contar sus proyectos a otros arquitectos. Esta endogamia en la que lo más importante en la labor profesional como arquitecto parecía ser la aceptación de su propio sector generó grandes deficiencias y cegueras hacia las amenazas externas y datos objetivos sobre el deterioro de la profesión.

Los arquitectos no se preocuparon nunca por el cliente, y si lo hicieron fue en modo “Despotismo Ilustrado”: “todo para el cliente, pero sin el cliente”. De esta forma, se apartaron de las necesidades del mercado y quedaron aislados en su burbuja. Aquí ha habido miles de horas de debate durante la crisis (acaloradas, por cierto) entre los arquitectos sin asumir que, de hecho, como sector abandonaron las necesidades del mercado y quedaron (quedamos) fuera. Si preguntas por ahí lo negarán, pero el catastrófico resultado en la actividad del sector habla por sí solo… Tú mismo puedes verlo.

La crisis no solo fue un agente externo. Cuando llegó, en España ya había cerca de 50.000 arquitectos titulados y otros 35.000 matriculados en las escuelas. ¡Se iba a doblar el número de titulados en 10 años! Una clara burbuja formativa que metía cada día a más gente a pelear por el mismo proyecto.

El sector no podía dar empleo, no ya sin crisis, sino incluyendo todo el universo laboral de la construcción. La obra, estudio, estructuras, visualización, formación….. y un largo etcétera no podían absorber tantísima gente. Y lo más preocupante: el sector no va a poder absorber esa masa en el futuro.

Mira qué gráfica tan mona nos queda si se hace una proyección hasta 2080, suponiendo que no se abre ni una sola escuela de arquitectura más en España, y atendiendo al ritmo de “titulados” que las escuelas producen y al de las jubilaciones previstas:

Durante los años de crisis, muchos se vieron obligados a tratar de encontrar trabajo en otro sector pero, ¡oh, sorpresa!, nadie los quería: el mercado no estaba acostumbrado a ver a un arquitecto en un puesto distinto al tradicional. Los empleadores están muy acostumbrados a ver economistas, ingenieros, abogados,… en diferentes puestos de responsabilidad en empresas de todo tipo de sectores, pero no a arquitectos. Nada que hacer.

Bien, pues a eso súmale la crisis y tendrás el apocalipsis. Eso ha sido España para los arquitectos estos 10 años.

Y ahora qué

Pues ahora, siéntate y llora. Después de 10 años, en pleno 2018 la situación es esta:

 

En el peor de los casos, el colectivo de los arquitectos es TU cliente, es quien paga, es quien necesita de tus servicios para entregar un proyecto. En el mejor, si vendes a otro agente, es tu prescriptor y quien suele recomendar a su visualizador de confianza.

Si no encontramos una salida para prestar servicio y ayudar a nuestro cliente a levantar cabeza, se buscarán la manera de hacerlo solitos, sin nuestra ayuda. Y por cierto, podrán hacerlo de forma rápida gracias a la maravillosa formación que generosa y gratuitamente hay en internet.

Esto nos devuelve al post anterior. Repitiendo el concepto: “Cuando uno se forma, busca una diferenciación con los demás. Si algo es “gratis” (sin coste) y “público” (accesible a cualquiera), no tiene la capacidad de proporcionarte diferenciación alguna.

 

El problema real en el que trataba de hacer hincapié no es que sea “gratis”, ni mucho menos. La gratuidad lo que hace es poner de manifiesto algo mucho más serio: el problema es que de forma sencilla y sin control se permite una entrada masiva de nuevos agentes en un sector económico. Los que son muy buenos saldrán a flote… claro que sí! Siempre habrá un Moneo, un Wright,… el problema es qué hace con su vida el otro 90% después de dedicar 10 años (de media) a unos complejísimos y completísimos estudios que no le darán de comer.

 

Como referencia. José Javier Quintana, arquitecto y experto en Alta Dirección de empresas y estrategia empresarial, en su artículo “Viaje al centro de la arquitectura. ¿Igual el problema es que somos demasiados?” definía como “espeluznantes” la previsión del número de arquitectos en activo para las próximas décadas. Del mismo modo, hablaba de la importancia de “Reducir el número de escuelas” y de “Regular el acceso a la profesión” como mecanismo de supervivencia del sector a largo plazo.

… CONTINUARÁ …

Sobre El Autor

Siempre aspirante a artista 3D. Director de +VIZ Architectural Imagery. Arquitecto y MBA.

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